lunes, 15 de noviembre de 2010

De repente veo una luz brillante, tanto como el sol. Me veo obligada a elegir entre lo que veo y lo que oigo. No lo dudo, sigo las voces con la esperanza de encontrar alguien que me pueda decir dónde estoy parado. El viento ya borra mis pisadas. Sigo perdida. El miedo vuelve y el camino se hace cada vez más largo. Trato de sentarme y reflexionar, pero las voces, todavía en mi cabeza, no me dejan. Grito totalmente desesperada, cansada y eufórica, entonces de repente las voces que creía escuchar, aquella que había estado siguiendo, desaparecen. Solo me queda la luz, esa tan brillante como el sol…

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